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LA RAMONA
----------BIENVENIDOS A LOS PROYECTOS 2003- 2011 -------INGRESA AQUI A PAG WEB --LA RAMONA PROYECTOS(=•_•= )
LA RAMONA
OCHO DIBUJOS
jose maría
sofía alvarez
luisa roa
esteban alvarez
valentina cabrera
diego sabogal
fernando zuluaga
tatiana lozano
sofía alvarez
luisa roa
esteban alvarez
valentina cabrera
diego sabogal
fernando zuluaga
tatiana lozano
TALLERES EN ESPACIO 101, ESCUELA DE ARTES SANTAFE
TALLERISTAS:
ANDRES BUSTAMANTE ,GUSTAVO GARCIA, EFREN RODRIGUEZ
Cada vez se establece una alianza más fuerte entre pedagogía
y arte; Entre docentes especializados en
artes para niños y jóvenes, que en
muchos casos se han acercado a este producto desde su condición de escritores
de textos escolares, y maestros ansiosos de incorporar al aula nuevos
instrumentos que les facilite su labor. El docente ve en el mercado escolar las
mejores posibilidades: es un mercado que ya conoce y para el cual puede emplear la infraestructura
históricamente consolidada en el hacer artístico. Este interés es sano si
pensamos que la escuela debe hacerle un sitio a la arte, perteneciendo a un
orden de formación.
Sin embargo, es preciso estar muy alerta frente a las
distorsiones excesivamente perversas que se dan cuando la escuela coloniza el
arte con fines que nada tienen que ver con el arte mismo, y menos con el propósito
de crear en los niños y en los jóvenes un gusto y una necesidad creadora que
los acompañe durante su vida. Estas distorsiones ocurren por las exigencias que
el docente le hace a la institución de
convertir el programa de artes en un instrumento de uso escolar con guías preconcebidas
de expresión, compendios de actividades y cuadros de valores y competencias. Exigencias
que si bien pretenden formación en arte, se desembocan al mero hecho de crear
alegoría del concepto “artista” como reproductor de imagen y conocimiento.
No se dan cuenta, el docente y la institución, que
estos procedimientos no harán otra cosa
que alejar definitivamente a niños y jóvenes de la creación impidiéndoles el
descubrimiento del verdadero valor de la expresión, única manera de hacerlos
creadores de por vida, para el cual no existen escalas de medición.
El conocimiento solo adquiere verdadera plenitud si
se consigue tener sentido y logra transformarse en experiencia. Por eso es que
la educación no puede ser una cosa mecánica, una mera capacitación o desarrollo
de habilidades especificas, reproduciendo actividades que son repetidas en cualquier tipo de
cuestionamiento, la educación tiene que buscar sentido en la cultura, que está
hecha de muchas cosas, pero si es formulada de una manera simple, la gente puede entender como
es aquello que el individuo crea para adaptarse al medio ambiente.
Considero que
el sistema de educación debe pensar un poco en la cultura, pues está directamente vinculada con la transmisión de
conocimiento que a su vez necesita de
nuevas preguntas y presuntas respuestas. Con esto trato de configurar mi punto
metodológico frente a la idea de taller bidimensional, en ese sentido La
modalidad del disfrute se convierte en pieza fundamental para el desarrollo del
mismo, los
planteamientos que abordo se estructuran en comentarios, imágenes de TV,
chascos y demás sucesos que comparto con
muchos de los niños e individuos que conforman esta ecosfera o
iconosfera (1).
Me interesa que
el niño acceda a un espacio lúdico de experimentación,
al hablar de lo lúdico o el juego no
hago referencia al papel del payaso que
entretiene ni mucho menos al recreacionista
o niñero artístico. El creador lúdico
se basa en el azar, el juego: conceptos básicos
para una posterior reflexión, la observación etnográfica adquiere razón y sentido en
la profundidad de las transformaciones sociales en el marco de la cultura. Manejados por
recreacionistas, los niños juegan porque
poseen sencillamente la capacidad de jugar con cualquier cosa, si los juegos de
la infancia determinan mecánicamente la vida del adulto, no existirían
creadores, sino futbolistas y televidentes que quizás……los evidenciamos en
nuestra entorno social, en la formación del creador un ingrediente fundamental
consiste en la felicidad individual, no es practica ni recomendada por nadie y
como su nombre lo dice no se muestra abierta, legal o aceptada. La sociedad
celebra al artista exitoso, pero hace hasta lo imposible por convertir en
normal al niño solitario, la finalidad
de los métodos educativos actuales radica en proponer al niño a compartir con los demás su
felicidad individual, en todas las épocas, los creadores han debido soportar
distintas formas de opresión, pero la de hoy en día procede de manera sutil y,
por tanto, menos superable. Se trata de compresión no deseada por el creador,
que se anticipa con sonrisas a sus
posibles rechazos, anulándolos de este modo. Acompañado y sobreprotegido por el
adulto ante el arte y ante las noches estrelladas (2), al niño solo le queda, tal vez soñar frente al
televisor.es claro para todos que vivimos en una sociedad mediatizada, la televisión,
el cine, el computador, son algunos medios
a los que cada vez acceden niños y adultos, ¿cómo pueden utilizarse esos medios,
y en particular la televisión, para atraer a los niños hacia la creación y al contacto de las artes? Básicamente lo que planteo
más que hacer un rechazo a al televisión
es proponer diversas aproximaciones o métodos para involucrar al lenguaje visual,
sencillamente se plantea que en lugar de rechazar la televisión, se debe
convertir en una alianza mas entre otras posibilidades de acceso a la misma.
He percibido un fenómeno que me ha llamado la
atención desde que decidí el proceso de creador de imagen y que he asumido
desde la docencia y mi producción personal - En particular, me interesan aquellos
enfoques conceptuales que reclaman y defienden la multiplicidad, la idea de un
pensamiento social emplazado geográfica y localmente. Mi interés principal es y ha sido la tendencia a hablar de lo cotidiano, del
horizonte cercano e inmediato
de mi existencia (3)- En ese sentido, note que muchos de los niños y niñas
(jóvenes y adultos también y me incluyo) presentan una cierta resistencia a
recibir información que no venga
acompañadas de imágenes, considero de investigación que desde esta edad
pequeños estén vinculados a estos sistemas codificados
de imágenes.
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1.
Término utilizado por Román Gubern en su ensayo La mirada opulenta. Allí, el autor habla
de iconosfera para referirse a una especie de ecosistema de la mirada, el ambiente visual que rodea una época y
una cultura. En la actualidad esta iconosfera estaría constituida por la
explosión de las industrias de la imagen, que han dado lugar, hoy en día, a una
auténtica civilización icónica en la que los públicos más diversos se alimentan
del consumo permanente de imágenes en diferentes medios. GUBERN, Román. La Mirada Opulenta. Ediciones península,
Barcelona, 1994.
2.
hago referencia a vangogh y al mito del artista desconocido
3 Si bien mi desarrollo no parte de la novedad, el proceso de
creación se sustenta en reflexiones que han desarrollado pensadores como
Frederic Jameson, Slavoj Zizek o Hal Foster, y que en nuestro contexto han sido
incorporados por autores como Víctor Manuel Rodríguez (Me remito a los enfoque
interdisciplinarios para la investigación y la creación desde los estudios
culturales: conferencia presentada en las primeras jornadas sobre investigación
en artes organizadas por el comité de investigaciones en la Asab. 2003. ),
introduciendo los estudios culturales como enfoque de pensamiento.
han proyectado sus análisis
de la cultura contemporánea en terrenos como los de la
“importacia de los particularismos”,
generando un claro abandono de la noción de ideología, y proponiendo otros
causes para los análisis culturales. JAMESON, Frederic y ZIZEK, Slavoj. Estudios culturales, reflexiones sobre el
multiculturalismo. Buenos Aires
Ediciones Paidós, Colección Estudios del saber. Buenos Aires, 2003
-
FREAKOUT
FREAKOUT from espacio101 on Vimeo.
Lados B (FREAKOUT) texto por Juan Alberto Conde
En América Latina nuestros ochentas fueron los noventa. En los noventa, el humor ácido, directo y enfermizo del comic underground se convirtió en un producto masivo y semanal de mano de los Simpson. En los noventa el Hard Rock ochentero se convirtió en una caricatura graciosa e inocente que el emergente grunge se encargó de ridiculizar, para ver su renacimiento algunas décadas después, mientras que todas las-- versiones del post-punk se mantenían en su sana dispersión hasta su resurgimiento contemporáneo. En los noventa, para muchos una década perdida (como lo fue, en los noventa, la valoración que se hizo de los años ochenta) pudieron convivir un neo-hippismo y un neo-punk que finalmente colapsaron juntos en la diáspora pop de años posteriores. Pero en los noventa también se empezaron a fusionar y a revalorar los géneros menores del cine, gracias a los pastiches de Wes Craven, a las secuelas interminables y tardías de los asesinos en serie y los zombies de los ochenta, y a su difusión masiva en los canales de televisión. En los noventa volvimos a escuchar de Charles Manson y de Anton Labey, y las iglesias evangélicas propiciaron el renacimiento del satanismo. En los noventa grupos como Pixies, Fugazi y Sonic Youth salieron de las cloacas de los últimos eighties y enrarecieron los bares llamados “alternativos” en el tercer mundo. En los noventas también Peter Bagge, Dan Clowes, Charles Burns, Julie Doucet y otros reinventaban el cómic alternativo. Y en los noventas el MTV latino se erigió en una fuerza extraña y momentánea que tradujo ese ímpetu de transgresión domesticada en un curioso y breve episodio de sana hibridación. Incluso alcanzó a ser en los noventa que llegó la triple w y transformó el paisaje cultural del globo entero (y en el trasfondo de todo esto latían los viejos setentas, los que nos entregaron la transición del hipismo al punk).
Pero también en los noventa llegó a nosotros la cultura subterránea que venía creciendo al margen de los medios masivos en todo el orbe. La cultura de los fanzines, hoy en día llamados zines con el cariño de quien le acorta el nombre a un amigo, arribó a nuestras tierras, con algunos antecedentes previos, de mano de precursores de nuestro temprano underground. Sin embargo, el Zine es mucho más antiguo, como nos recuerda Stephen Duncombe:
Moldeado por la larga historia de las prensas alternativas en los Estados Unidos, los zines como un medio autónomo y distintivo nacieron en los años treinta. Fue entonces cuando los fanáticos de la ciencia ficción, generalmente a través de clubs que ellos mismos fundaban, comenzaron a producir lo que denominaron “fanzines” como una manera de compartir relatos de ciencia ficción y comentarios críticos, y como una manera de comunicarse con otros. Cuarenta años después, a mediados de los setenta, la otra influencia definidora de los zines de la era moderna comenzó cuando los fans de la música punk, ignorados por -y críticos de- la prensa musical oficial, comenzaron a imprimir fanzines acerca de su música y de su escena cultural. Al principio de los años ochenta estas dos corrientes, reunidas por pequeñas corrientes de publicaciones creadas por fans y otros géneros culturales, auto-editores inconformes, y remanentes del disenso político impreso de los sesentas y setentas, fueron integrados y se nutrieron mutuamente a través de listados y reseñas en redes de zines como Factssheet Five. Cuando el “Fan” fue retirado del “zine”, y cuando su número se vio incrementado exponencialmente, una cultura de los zines se desarrolló finalmente (Duncombe, S. [2008]. Notes from the Underground. Zines and the Politics of Alternative Culture. p. 11).
Aunque el grito de guerra de los Dead Kennedys no haya dejado de ser cierto y necesario (MTV, Get out the air!) del MTV de los noventa, precisamente, quisiéramos recordar aquí un espacio que nos remite a toda una dicotomía, la cual hoy en día no tiene sentido: un programa que empezaba muy tarde, tal vez después de la medianoche, y que tenía por título Lado B. En este magazín una presentadora pelirroja (arquetipo de las actuales suicide girls), alternada con otros ilustres desconocidos, difundía videos y canciones de grupos por entonces desconocidos y extraños, que hoy en día llamarían indies, si no fuera porque el indie de los noventa era algo multiforme y contradictorio, no un estándar rítmico y melódico. Se llamaba lado B por aquella presuposición, exclusiva de la tecnología del vinilo y el casete, de que había una cara de los medios de registro sobre la cual se imprimían los hits garantizados por el mercado, y otra en la que se confinaban los temas mediocres o difíciles de digerir. Así, MTV heroizó el lado B, como también sucedió en otros ámbitos con el cine de serie B, aquel que se proyectaba como un apéndice menor y subsidiario de las películas más taquilleras. Y los zines y la cultura underground han operado como el Lado B de la cultura pop.
A pesar de lo específico de esta dicotomía, hoy en día sin sentido en la era del mp3, la oposición se puede extrapolar a la cultura entera: en el Medioevo el cristianismo nos hizo entrar en el régimen histórico de una temporalidad lineal, mientras que el paganismo y el esoterismo se dieron mañas de sobrevivir y explotar en el renacimiento, manteniendo una atemporalidad mítica subterránea. En el siglo XIX el positivismo y el simbolismo crecieron a un tiempo; la cultura alemana nos dio a un Kant y a un Nietzsche, y los británicos nos dieron a los Sex Pistols y a las Spice Girls.
Hoy en día, sin embargo, estamos más allá del bien y del mal. Las dicotomías se acabaron, aunque el lenguaje binario rija en lo más profundo de nuestras estructuras tecnológicas. Hoy en día cualquier forma de transgresión o marginalidad anterior parece inocente, ingenua, porque está replicada y multiplicada en stickers, pantallas, interfaces, cuadernos escolares, loncheras y campañas promocionales. Hoy en día la crueldad es un producto masivo, la abyección es una condición respetable y el humor negro es una estrategia política. Y es algo mucho más complejo que la banalización o domesticación de la rebeldía, de la que tanto se habló en décadas anteriores. Es una auténtica inversión de todos los órdenes, de todos los dominios simbólicos.
Por eso, aunque hoy en día veamos tiernas ardillitas y ositos decapitados por doquier, calaveritas rosadas y banderas piratas multiplicadas en estampados y patrones textiles, zombies y momias en versión animada y miembros amputados y chorros de sangre en las comedias románticas, aunque hoy en día MTV sea el lugar de los realities adolescentes y VH1 nos haga añorar los ochenta como la auténtica década donde ocurrió todo lo mejor y lo peor de la cultura pop, estamos presenciando el triunfo del lado B, ahora pluralizado, que los noventa nos enseñaron a amar y a replicar. Y como el arte también tiene un Lado B (y una serie B, e incluso su propia serie Z) esta exposición es un homenaje, un pastiche, un reencuentro, de múltiples lados B, donde por un momento, vuelve a ser realidad el cambio de casete, la vuelta del disco a la cara que muchos no ponen nunca, pero que otros disfrutan con orgullo.
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